por Matthew Everett
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Traducción al español: The BilCom Group
inMotion Volume 17 · Issue 5 · September/October 2007: From Canvas to Computer
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Tranquility” (Tranquilidad), cortesía de José Roberto

Cuando José Roberto crecía en la ciudad de Nueva York durante la década de 1960 y a comienzos de la década de 1970, él y su hermano compartían una obsesión por los libros de historietas. “Teníamos cerca de 2,000 libros de historietas entre los dos”, cuenta Roberto. “En realidad, eso es lo que me introdujo en el arte”.

Como muchos niños, Roberto pasaba horas leyendo las aventuras de El Hombre Araña, Los Cuatro Fantásticos y El Increíble Hulk; pero pasaba aún más tiempo copiando en papel figuras de sus historietas.

Dibujar reproducciones de las historietas continuó siendo un pasatiempo para Roberto, incluso después de que se convirtiera en adulto. Con el tiempo, su interés por las ilustraciones le llevó a la pintura artística, y a jugar con las pinturas al pastel y las acuarelas. Para mediados de la década de 1990, y sin contar con estudios formales, ya estaba trabajando con pinturas al óleo en grandes lienzos y llamando la atención en las galerías de Nueva York. En el 2006, antes de mudarse de Nueva York a Knoxville, Tennessee, Roberto realizó cinco exposiciones individuales en galerías. Trabaja a tiempo completo como consultor de programas informáticos, pero el arte acapara la mayor parte de su tiempo libre. Además, le ayuda a pagar las cuentas: sus trabajos pueden venderse por decenas de miles de dólares.

Varias de sus pinturas adornan las paredes de su casa en Knoxville. Las imágenes son audaces: una mujer desnuda cubierta de ramas de rosal, una bandera estadounidense cuya cremallera se baja para revelar el edificio del Capitolio, una lata de Coca-Cola gigante flotando en el cielo. En sus obras también puede observarse un trasfondo de melancolía. Muchas de las figuras de sus pinturas están solas, a menudo, en posiciones absurdas, como el hombre en la pintura Walking in the Rain (Caminando en la lluvia), que camina patas arriba en una nube sobre un mar de paraguas abiertos. Roberto explica que la tristeza presente en sus pinturas refleja la soledad que experimentó en su infancia y adolescencia, en parte, porque perdió la mayor parte del brazo izquierdo en un accidente en la tienda de comestibles de su padre cuando tenía tres años.

“Puppetmaster,” courtesy of José Roberto

“Puppetmaster” (Titiritero), cortesía de José Roberto

“Las personas dicen que mis obras parecen muy tristes, pero yo no las veo de esa forma”, cuenta. “Creo que existe una conexión con el hecho de que perdí la mano a temprana edad, todo el dolor de ser un niño pequeño del Bronx con un solo brazo. Las chicas no salían conmigo. Era bastante tímido cuando era más joven y creo que ser introvertido me ayuda ahora a profundizar aún más en mis pinturas”.

Desde el 2005, Roberto ha trabajado casi exclusivamente en su computadora. Abandonó la pintura al óleo para abocarse a programas informáticos que le permiten crear imágenes, que son una mezcla de collage y dibujo. En vez de un estudio, su lugar de trabajo en casa ahora se asemeja más a una oficina.

“Solía tener una idea maravillosa que podía visualizar perfectamente, pero no podía pintarla”, cuenta. “No tengo ese problema en la computadora. Siempre encuentro la forma de que lo que visualizo en mi mente se corresponda con lo que se ve en el monitor. Nunca tuve esa libertad con el lienzo”.

Señala una obra en particular, Love Hurts (El amor duele), la mujer entrelazada con un rosal. Había intentado hacerla con pintura al óleo, pero no se sintió satisfecho con las proporciones de la figura. “No quedó como la había imaginado”, comenta. Sin embargo, obtuvo exactamente lo que deseaba en la computadora.

Asimismo, la ilimitada capacidad de reproducción del trabajo que se realiza en computadora le permite a Roberto ofrecer impresiones de sus pinturas de 8 por 10, a precios mucho menores que los de los lienzos. “Para el consumidor es mucho mejor”, señala. “No es necesario que cobre 37,000 dólares por una pintura. Quiero que mis obras valgan algo, pero no a expensas de las personas que pueden colgarlas en sus salas de estar”.

Ha comenzado a ser mucho más productivo desde que cambió el óleo por la computadora. En 10 años de pintura al óleo, realizó cerca de 100 lienzos. En solo dos años de pintar con la computadora, ya lleva terminadas 40 obras.

José Roberto“Extraño el aroma del óleo y la sensación del pincel, pero ahora es mucho más fácil limpiar”, cuenta Roberto. “Y mi esposa prefiere esta forma porque el piso no se mancha con pintura”.

Gracias a su éxito, Roberto ha considerado la posibilidad de pintar a tiempo completo. Le preocupa que hacer de la pintura un trabajo pueda modificar su metodología: “En ese caso, estaría pintando para el mercado y me agrada la libertad de pintar para mí mismo”. Pero sabe que no hay reglas en cuanto a las respuestas de las personas para con el arte.

“Pinté un monje dentro de una caja, y todos mis amigos dijeron que nunca vendería esa pintura”, cuenta. “Sin embargo, ofrecí una fiesta en casa justo antes de mudarme de Nueva York, y una mujer permaneció sentada en el sofá frente a esa pintura toda la noche. Cuando se marchó, me dio un cheque de 400 dólares por la pintura. ‘Es así como me siento’, confesó. Esa es mi mayor satisfacción, cuando las personas comentan que una de mis pinturas se comunica con ellas”.

 

Actualizado en: 07/27/2011
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