por Stephanie Wu, Dra. en Medicina Podológica, maestría en Ciencias
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Traducción al español: The BilCom Group
inMotion Volume 17 · Issue 3 · May/June 2007: Roll Up for the Maggot Medical Cure
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Maggots

Las larvas de mosca son criaturas repulsivas y viscosas. El solo hecho de pensar en ellas nos eriza la piel.

Es difícil imaginar que estas criaturas oocinéticas que se retuercen puedan curar heridas e incluso ayudar a salvar vidas. En este caso, se trata de larvas de mosca, así como las orugas son larvas de mariposas o polillas. Las larvas de mosca eclosionan de huevos que depositan moscas adultas y maduras. Las larvas iniciales, en el primer estadio de crisálidas, mudan de piel dos veces hasta alcanzar el tercer estadio de crisálidas en un lapso aproximado de cinco días. Luego, buscan un lugar seco para convertirse en pupa y sufren una metamorfosis que las convierte en moscas adultas después de otra semana. Solamente se utilizan las larvas iniciales (del primer y segundo estadio de crisálidas) para ayudar a limpiar heridas.

El proceso por el cual las larvas infestan a los seres humanos y a otros vertebrados se denomina miasis. La inducción de este proceso en un entorno clínico controlado sirve para ayudar a la herida en diversas formas. Las larvas desbridan —o limpian— las heridas al disolver el tejido muerto e infectado; también matan a las bacterias presentes en la herida y tienen de esa manera un efecto desinfectante; además de estimular la cura de la herida.

Es importante destacar que existen miles de especies de moscas, cada una con sus hábitos y ciclo vital propio. La miasis de algunas especies es perjudicial para los seres humanos, mientras que unas pocas especies, como las larvas de Lucilia sericata (mosca corónida verde), han sido aplicadas con éxito en la terapia larval durante muchas décadas. Algunas larvas se esconden en la profundidad de la carne viva y pueden invadir el tejido humano; sin embargo, la Lucilia sericata es única puesto que esta especie recicla los desechos orgánicos en los seres humanos al comer solamente el material que se descompone naturalmente, y no el tejido vivo. Además, las larvas medicinales son criadas en laboratorios para asegurar la selección de especie de mosca apropiada y que las larvas estén estériles de modo de evitar la introducción de otros contaminantes en la herida. También se las trata con irradiación para que no puedan convertirse en moscas.

Las larvas de mosca son parásitos adaptados. Son parte integrante del sistema de limpieza de la naturaleza y compiten con las bacterias exitosamente, incluso con aquellas resistentes a los antibióticos; además, son buenas puesto que comen el tejido muerto. A menudo, se las considera como “micro cirujanos” naturales porque pueden ver lo que a simple vista no puede verse y porque pueden limpiar una herida más eficazmente que el escalpelo de un cirujano.

A pesar de que las larvas de mosca sean bichos, muchos pacientes están interesados en probar esta forma de terapia para tratar úlceras o heridas abiertas que oponen resistencia a los antibióticos y a otros cuidados convencionales de las heridas. Estas heridas pueden afectar a la autoestima y la calidad de vida de los pacientes y suponen un riesgo de infecciones que puede terminar en amputaciones o incluso en situaciones mortales. Las heridas que comúnmente se tratan con larvas de mosca son, entre otras, úlceras de pie y pierna, quemaduras y heridas postquirúrgicas que se hayan infectado o vuelto a abrir. El hecho de que las larvas de mosca puedan ayudar a curar las heridas les da esperanza a los pacientes. Los médicos que utilizan la terapia larval suelen recibir consultas de pacientes que están dispuestos a recorrer largas distancias para recibir el tratamiento.

En los Estados Unidos, de un día para otro se envían de 250 a 500 larvas medicinales en envases estériles. La longitud de las larvas iniciales es de 2 a 4 milímetros aproximadamente. Se colocan entre 5 y 10 larvas de mosca en cada centímetro cuadrado de una herida. Se cubre la herida con un apósito protector que permite que las larvas respiren. No es necesario preocuparse de que las larvas abandonen la herida, puesto que se dirigirán directamente hacia el tejido putrefacto de la misma manera que los niños hambrientos buscarán un frasco de galletas después de un día escolar. Además, no les gusta la luz del día, así que naturalmente se encaminarán a las oscuras profundidades de la herida. Cuando se retiran las larvas de la herida, dos o tres días más tarde, habrán crecido de 2 o 4 milímetros a 10 milímetros aproximadamente. La mayoría de los pacientes no siente nada durante el tratamiento; sin embargo, algunos experimentan cosquillas o comezón, como un hormigueo en la piel. Un porcentaje muy bajo de los pacientes siente alguna clase de molestia o dolor cuando las larvas crecen, pero el dolor puede controlarse fácilmente con pastillas para el dolor. Por lo demás, el tratamiento todavía debe ser probado en caso de reacciones negativas graves, si es que las produce. Hasta la fecha, no se han presentado informes de reacciones alérgicas por el uso de la terapia larval. Probablemente, esto se deba a que las larvas de mosca, como la mayoría de los parásitos, no quieren que el huésped sepa que están allí y por lo tanto trate de deshacerse de ellas.

Los investigadores han estudiado los efectos limpiadores, desinfectantes y sanadores de las larvas pertenecientes a la especie de mosca corónida verde. Los estudios han demostrado que estas larvas trabajan arrojando su saliva sobre el tejido putrefacto. La saliva de estas larvas contiene enzimas digestivas que matan a las bacterias y licuan el tejido muerto de la herida. Luego vuelven a succionar el tejido putrefacto y las bacterias muertas a medio digerir con una acción tipo pistón de la boca. También se cree que los materiales que producen las larvas de mosca contienen o estimulan la herida para que cree factores de crecimiento que promuevan el crecimiento del tejido sano y pongan rápidamente en funcionamiento el proceso de cicatrización. En un estudio reciente, se seleccionaron 60 pacientes al azar con heridas en los pies causadas por la diabetes para que se sometan al desbridamiento (limpieza de una herida) con un escalpelo o con larvas de mosca y se los controló durante seis meses. Se observó que el número de pacientes que necesitaba antibióticos después del desbridamiento fue el mismo, independientemente de si los pacientes eran tratados con la terapia del escalpelo o con la terapia larval. Sin embargo, el grupo de pacientes que recibió la terapia larval permaneció más tiempo sin necesidad de antibióticos.

Aunque las larvas de mosca son conocidas como la cura milagrosa más reciente de la ciencia, en realidad se las ha utilizado por siglos para ayudar a curar heridas. Existen evidencias de que los aborígenes australianos, los montañeses birmanos y los indios mayas utilizaban larvas para limpiar heridas gangrenosas. En la década de 1820, el cirujano de guerra de Napoleón, el barón Dominique-Jean Larrey, notó que los soldados cuyas heridas de guerra estaban llenas de larvas se veían mejor y se curaban antes que las heridas de los soldados que no tenían larvas.

El fenómeno se pudo observar nuevamente durante la Primera Guerra Mundial. El cirujano ortopédico William Baer advirtió que los soldados que tenían larvas en sus heridas no solo no contraían fiebre ni infecciones sino que sus heridas en realidad se estaban curando, como si las larvas estuvieran protegiendo y, de algún modo, curando las heridas. En 1929, Baer regresó a la Universidad Johns Hopkins, donde intencionalmente aplicó larvas de moscardones en las heridas abiertas de cuatro niños que sufrían infecciones óseas. En el lapso de seis semanas, las heridas de los niños que antes no se curaban lograron cicatrizar. Baer y sus colegas publicaron sus hallazgos en 1931, y se atribuyó al cirujano la introducción de la terapia larval en los Estados Unidos y se le reconoció como el padre de la terapia larval.

En la década de 1930, se estaban utilizando larvas de mosca en más de 300 hospitales de Canadá y los Estados Unidos. Sin embargo, la popularidad de la terapia larval no duró mucho tiempo. Fue utilizada por los médicos con éxito y en forma habitual solamente hasta mediados de la década de 1940. El descubrimiento de la penicilina y la posterior aparición de los antibióticos, así como las técnicas quirúrgicas que surgieron de la Segunda Guerra Mundial y que revolucionaron a la medicina, causaron la virtual desaparición de la terapia larval. Se utilizaba de vez en cuando durante las décadas de 1970 y 1980 cuando los antibióticos, la cirugía y otras modalidades de la medicina moderna fallaban, pero no fue sino hasta hace pocos años que resurgió el interés por la terapia larval.

Desde 1995, el número de profesionales médicos que utiliza la terapia larval ha aumentado a miles de médicos, clínicas y centros médicos de todo el mundo. En 1989, médicos del Centro Médico de Asuntos Veteranos de Long Beach, California, junto con el Dr. Ronald Sherman y sus colegas de la Universidad de California, Irvine, llevaron a cabo estudios clínicos que demostraron la utilidad de las larvas de mosca para limpiar diversos tipos de heridas infectadas y gangrenosas. En el 2003, la Administración Estadounidense para el Control de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó la terapia larval como el único dispositivo médico vivo, y en enero del 2004, las larvas de mosca se convirtieron en el primer organismo vivo autorizado por la FDA para ser comercializado en los EE. UU.

Los científicos y los investigadores continúan estudiando las larvas de mosca para identificar, en lo posible, qué las hace trabajar tan bien en la limpieza y cura de heridas. Puede que algún día sea posible ofrecer los beneficios curativos que proporcionan estas larvas, pero sin ellas. Por el momento, se requieren larvas enteras y vivas para ofrecer este excepcional servicio de cuidado de las heridas.

Sobre el autor

Stephanie Wu, DPM, MSLa Dra. Wu es profesora agregada del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina Podológica Dr. William M. Scholl, que depende de la Universidad de Medicina y Ciencias Rosalind Franklin, y es directora clínica y directora de los programas médicos del Centro Nacional para la Preservación de Extremidades del Hospital General Luterano. Obtuvo una maestría en Ciencia Biomédica y un doctorado en Medicina Podológica en la Facultad de Ciencias Médicas Graduadas de la Universidad Barry. Ha publicado más de 70 trabajos, resúmenes, pósteres y capítulos de libros, y ha dado más de 100 presentaciones y conferencias

Actualizado en: 01/01/2017
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