por Alison W. Henderson, maestría en Ciencias y Dra. Rhonda M. Williams
Ajustar el tamaño de la letra en la pantalla: + letra más grande | - letra más pequeña
Traducción al español: The BilCom Group
inMotion · Volume 18 · Issue 1 · January/February 2006: First a Partner, Then a Caregiver. Tips for Maintaining a Good Relationship With Your Partner - English Version is available in Library Catalog

First a Partner, Then a CaregiverMuchos prometen amar a sus parejas/cónyuges “en la salud y en la enfermedad”. Sin embargo, una enfermedad o lesión importante, como una amputación, puede poner a prueba hasta la relación más sólida. Sin importar la causa, la pérdida de una extremidad puede afectar a la movilidad, las oportunidades laborales, las actividades recreativas, al nivel de comodidad y al estado de ánimo.

Estos cambios pueden ser pasajeros o duraderos y difieren en cada individuo. Funcionalmente, una amputación (o una enfermedad asociada con una amputación, como la diabetes) puede causar problemas para moverse o realizar actividades cotidianas, cambios en el trabajo y las finanzas, dolor, cambios en los círculos sociales y un aumento de las visitas al médico. Estas alteraciones pueden, con toda razón, provocar frustración, aislamiento social, cambios en el estado de ánimo y ansiedad, y puede hacer que nos cuestionemos los típicos roles familiares.

Algunas personas con dismetría pueden intentar minimizar la ayuda que necesitan en un esfuerzo por mantener la máxima independencia posible o porque les preocupa sentirse (o ser tratadas) como una “carga”. Otras personas tal vez se preocupen cuando no encuentran ayuda suficiente para satisfacer sus necesidades más básicas. No existe la “mejor” o una forma “correcta” de enfrentarse a ello.

La buena noticia es que aunque una amputación puede poner a prueba una relación, algunas parejas aseguran que tras la experiencia son capaces de fortalecer su vínculo. La buena habilidad para comunicarse es la clave para mantener un estrecho vínculo al tiempo que se equilibran los roles de pareja/cónyuge y cuidador o receptor del cuidado. Aunque una buena comunicación es tarea de ambos esposos, los siguientes consejos están adaptados a los amputados que quieren mejorar las relaciones con su pareja/cuidador:

Escuche. La buena comunicación y la buena voluntad empiezan con la capacidad para escuchar. Póngala activamente en práctica con su pareja, concentrándose en sus palabras, lenguaje corporal y tono de voz. Escúchele de forma reflexiva, repitiéndole lo que acaba de escuchar. Esta técnica, junto con las preguntas aclaratorias, le permitirá estar seguro de haberle comprendido.

Mantenga la proporción 5:1. Los estudios demuestran que las relaciones exitosas mantienen una proporción de al menos cinco interacciones positivas por cada interacción negativa. Una interacción positiva puede ser casi cualquier cosa, como hacer un cumplido a su pareja, darle las gracias, pasar con ella tiempo “de calidad”, hacerle un pequeño favor, mostrarle afecto con abrazos, dejarle una nota alegre o, simplemente, llamarle para saludarla. Las interacciones negativas también pueden ser casi cualquier cosa, como discutir, criticar, mostrar desdén, ignorarse mutuamente, culpar, insultar o tratar a la pareja de manera poco amable. ¡Haga todo lo posible por asegurarse de que las interacciones positivas superen los intercambios negativos al menos en una relación de cinco a uno!

Conózcase. Usted es el mejor juez de sus propias experiencias interiores. Antes de pedir lo que necesita, haga una pausa y mire en su interior. Trate de identificar con exactitud sus verdaderos sentimientos y necesidades. Por ejemplo, trate de distinguir si se encuentra físicamente incómodo o emocionalmente preocupado. Eso le ayudará a pedir exactamente lo que necesita.

Use oraciones del tipo “Yo… ”. Exprese sus sentimientos y pensamientos usando oraciones del tipo “Yo…”. Comenzar una oración con: “Yo me siento…” demuestra que usted está dispuesto a asumir la responsabilidad por sus propios sentimientos y objetivos. Imagine cómo podría reaccionar su pareja cuando usted diga: “Me siento solo cuando sales a hacer los recados sin mí” en lugar de expresar acusaciones como: “Siempre me dejas en casa”.

Pida, no exija. Si valora a la persona que le está ayudando, puede expresarlo convincentemente utilizando las normas de cortesía más básicas. Oraciones del tipo: “Por favor, ¿me podrías ayudar con…?” y “Muchas gracias” valen su peso en oro.

Sea específico. Cuando pida algo a su pareja, trate de ser lo más específico posible. Un problema común en casi todas las relaciones íntimas es esperar que nuestra pareja nos lea la mente. Se pueden evitar muchos problemas con solo decir qué es lo que necesita. Por ejemplo: “¿Podrías llevarme al médico mañana, por favor? Necesitaríamos salir antes de las 9:30”.

Corrija, no critique. Si su pareja no coopera como usted quisiera, la próxima vez intente hacerle sugerencias en lugar de criticarle. Corregir de manera positiva hará que su pareja le escuche sin ponerse a la defensiva. Intente: “Agradezco que trates de ayudarme a hacer la cena. La próxima vez creo que sería incluso mejor si me ayudaras sólo con los ingredientes y supervisaras mientras yo cocino”, en lugar de decir algo como: “Siempre te pones en medio cuando tratas de ayudarme a hacer la cena”.

Reconozca a la persona primero como pareja y luego, como cuidador. Aunque muy pocos lo admitirían, a veces caemos en la presunción de no valorar a nuestra pareja. Cuando experimentamos un grave problema de salud, puede ser fácil considerar a nuestra pareja como nuestro asistente personal, responsable de satisfacer cada una de nuestras necesidades. A menudo, es difícil para ambos recordar que su relación es sobre todo una “sociedad”. Reserve “tiempo en pareja” cada semana para interactuar como pareja, no como paciente y cuidador.

Retribuya. En caso de enfermedad o lesión, posiblemente necesite un poco más de ayuda y cuidados adicionales por parte de su pareja. Una de las maneras de hacer más fácil esta situación para ambos, sin embargo, es ser consciente de que es tanto posible como necesario retribuir a su pareja, aunque usted esté enfermo o lesionado. Piense en formas de cuidarle. Podría brindarle compañía (e.g., participar en juegos o realizar actividades sociales juntos), apoyo emocional (e.g., escuchar a su pareja, darle ánimos y cariño o expresar gratitud por su cuidado y empatía por sus experiencias) o apoyo informativo (e.g., buscar recursos para proyectos familiares o hacer llamadas telefónicas). ¿Cuál es la mejor manera de averiguar qué necesita su pareja/cuidador? ¡Preguntando!

Establezca sus expectativas. A veces, no está claro cuánto tiene que ayudar un cuidador. Puede que las parejas con buenas intenciones se ofrezcan demasiado o quizás no lo suficiente. Es difícil saber cómo preservar su independencia mientras sigue recibiendo la ayuda que necesita. Dígale a su pareja con qué tareas necesita ayuda y deje claro qué puede hacer de forma independiente. Consulte a los demás profesionales de la salud (e.g., médicos o fisioterapeutas) si no está seguro de necesitar ayuda o supervisión para una tarea en particular.

Considere buscar ayuda adicional. Incluso el mejor cuidador necesita un descanso. Considere la posibilidad de contratar un auxiliar médico a domicilio por varias horas a la semana de manera que su pareja pueda descansar y recuperar energía. La atención de respiro proporciona al cuidador un descanso de mayor duración. Conseguir ayuda gratuita es otra alternativa y las redes de apoyo social de amigos y familiares pueden facilitar algunos aspectos de su cuidado.

Sepa cuándo obtener ayuda profesional. Algunos problemas en las relaciones son más difíciles de resolver que otros. Puede ser útil tener una perspectiva objetiva externa. Consultar con un psicólogo, trabajador social o terapeuta autorizado y especializado en terapia de pareja puede ser muy beneficioso para su relación. También existe una amplia variedad de libros publicados para parejas. Un libro muy conocido es Los siete principios para lograr que un matrimonio funcione: una guía práctica del más destacado experto en relaciones del país, por Dr. John M. Gottman y Nan Silver.

Sobre las autoras

Alison Henderson, maestría en Ciencias, está realizando su doctorado en psicología clínica en la Universidad de Washington. Actualmente es psicóloga en prácticas en la Administración para Veteranos del Sistema de Salud Puget Sound (VAPSHCS, por sus siglas en inglés), de la División de Seattle.

La Dra. Rhonda Williams es profesora adjunta en el Departamento de Medicina de Rehabilitación de la Universidad de Washington. Desde el año 2000, también trabaja como psicóloga asociada en los Servicios de Cuidados de Rehabilitación del VAPSHCS.
Actualizado en: 07/27/2011
Regreso al inicio