Superar obstáculos y salvar el otro pie


Por John H. Bowker, médico
2003 First Step - A Guide to Adapting to Limb Loss
Ajustar el tamaño de la letra en la pantalla: + letra más grande | - letra más pequeña

Preventing Additional Limb Loss: Beating the Odds Against Saving the Other Foot
First Step, Volume 3, 2003

Las medidas preventivas que aquí sugerimos conforman un plan general para conservar su otro pie por tiempo indefinido y detener el círculo vicioso de circunstancias que conducen a una amputación. Lo primero, sin embargo, es reconocer que usted es quien más debe preocuparse por su pie. Si además puede superar la tendencia a rechazar la posibilidad de una segunda amputación, estará a medio camino de conseguir su objetivo y prevenirla, a pesar de lo que digan las estadísticas. Ahora es el momento de tomar las cosas en serio. 

¿Cómo puedo salvar la otra pierna?

Usted tiene que vivir con una pierna amputada. Es muy posible que la otra pierna esté intacta. Tras haber pasado una vez por la desagradable experiencia de una amputación y por el proceso de rehabilitación, no siente deseo alguno de perder la otra extremidad. Si tiene buena salud, no fuma y la amputación fue el resultado de un accidente, las probabilidades que tiene de perder la otra pierna son mínimas, salvo que sufra otro trauma. Sin embargo, si la causa de la amputación estaba relacionada con una mala circulación o diabetes, el riesgo de que pierda la otra pierna sigue siendo alto. A pesar de que las estadísticas son poco favorables, mi experiencia como cirujano en casos de amputación que ha seguido la evolución de muchas personas que sufrieron esa operación me demuestra que se puede hacer mucho para evitar ese desenlace. Pero primero, necesitamos analizar los motivos por los que se somete a una persona a una amputación si queremos detener el círculo vicioso de circunstancias que pueden llevar a la pérdida del otro pie. 

La mayoría de las amputaciones de extremidades inferiores que se realizan en personas mayores o de mediana edad están relacionadas con dos tipos de condiciones médicas, que se pueden presentar por separado o de forma combinada. La primera es la mala circulación en pies y piernas debido a una enfermedad de los vasos sanguíneos (arterias). La segunda es la pérdida de sensibilidad en los pies (neuropatía sensorial) relacionada con la diabetes. Es posible que las personas diabéticas también presenten obstrucción arterial como parte de su enfermedad. Como se ha dicho, algunas personas presentarán una combinación de estos factores lo que causará una grave enfermedad arterial. Se realizan muchas menos amputaciones por accidentes y tumores en personas mayores que en más jóvenes.

Las medidas necesarias para proteger su pie están relacionadas con la enfermedad que causó la amputación. En el caso de una mala circulación sin diabetes, debería tener un nivel de sensibilidad normal, lo que supone una gran ventaja porque sentirá el dolor de cualquier herida en el pie y, por lo tanto, buscará atención médica inmediatamente. Lo primero y más importante, sin embargo, es dejar de fumar o usar tabaco y reducir seriamente el consumo de cafeína. La nicotina y la cafeína causan constricción del flujo sanguíneo en las pequeñas arterias de los pies, mientras que el dióxido de carbono del humo del tabaco impide la distribución de oxígeno a los tejidos corporales al ligarse con los puntos de transporte de oxígeno de los glóbulos rojos. Como ya se ha mencionado, la obstrucción arterial se desarrolla a un ritmo constante en los fumadores (Figura 1).

Cualquier herida en un pie con mala circulación tardará mucho en cicatrizar o no cicatrizará. Por lo tanto, es importantísimo prevenir lesiones. La primera medida preventiva fundamental es no andar descalzo, incluso en su casa. La segunda es utilizar un calzado fácilmente adaptable con añadidos blandos hechos a medida (ortesis) y que se ajusten al contorno de su pie. Son fáciles de conseguir a través de un ortopeda titulado. (Para más información sobre ortopedas, ver la página 60.)

Si, a pesar de estas precauciones, se hace una herida en el pie, debería ir a su médico de cabecera inmediatamente para que le remita a un cirujano vascular. Tras una evaluación completa de su circulación sanguínea, incluyendo pruebas arteriales adecuadas y no invasivas, puede que el cirujano recomiende desobstruir una arteria o realizar una cirugía de derivación (bypass) en un segmento afectado de la arteria utilizando como injerto una vena para mejorar la circulación del pie y permitir que la herida cicatrice. 

Por el contrario, el principal problema para una persona diabética suele ser la pérdida de sensibilidad en el pie. Pueden tomarse varias medidas básicas para compensar esta situación. 

  • Primero, si usted es diabético, no debería andar descalzo. Los suelos enmoquetados, o incluso los que no lo están, pueden ocultar agujas o trocitos de vidrio que podrían causar heridas que pasan inadvertidas hasta que se forme un absceso que amenace el buen estado de la extremidad. 
  • Segundo, debería examinarse el pie todos los días en busca de posibles heridas o manchas rojas en zonas donde se ha ejercido una gran presión o fricción (Figuras 2A y 2B). Si su vista ha quedado afectada por la diabetes, pida a un familiar que le examine el pie.
  • Tercero, vaya a un ortopeda titulado para adquirir un calzado que se adapte adecuadamente a su pie y tenga añadidos de solidez variada (ortesis). Estos añadidos deberían estar hechos a medida si los huesos de su pie son prominentes o si tiene antecedentes de úlceras en el pie. Si tiene el seguro de Medicare y cumple los requisitos 
    puede que este programa le reembolse anualmente el precio del calzado y los añadidos. 
  • Cuarto, sacuda los zapatos todos los días antes de ponérselos para extraer cualquier tipo de objeto, como guijarros, antes de que le originen una úlcera.

Para seguir disfrutando de la natación sin miedo a quemarse con la arena o el pavimento calientes, cortarse con conchas de la playa o vidrio o abrasarse con los ásperos fondos de cemento de las piscinas, debería utilizar calzado acuático flexible con gruesas suelas de goma (Figuras 3A y 3B). Hay disponibles en tiendas de deporte y de descuento.

Los callos, que suelen convertirse en úlceras, pueden evitarse en su mayor parte con el uso de calzado y añadidos del tipo mencionado anteriormente. Sin embargo, si aparecen, no deberían ser tratados con apósitos adquiridos sin receta médica. Estos preparados de ácido salicilato disolverán primero el callo y luego abrasarán la piel entumecida. Es preferible que su médico le remita a un especialista en eliminación de callos y pedicura que sea de confianza.

Si se produce una úlcera en el pie, el tratamiento ha de ser inmediato y eficaz para evitar que una infección amenace el buen estado de la extremidad. La úlcera debería ser analizada para determinar su gravedad y, también, comprobar la circulación arterial del pie para saber si favorecerá la cicatrización. Si no es así, se debería consultar con un cirujano vascular. El segundo paso sería eliminar o reducir la presión en la zona ulcerada del pie. Eso significa que no se puede caminar sin proteger el pie. Existen calzados especiales que reducen la presión que se ejerce en la parte delantera del pie y el talón, dependiendo de la ubicación de la úlcera (Figuras 4A y 4B). Algunos médicos utilizan moldes de yeso o refuerzos especiales. Todas estas opciones pueden dar buenos resultados si se protege el pie para caminar. Es fundamental dejar el tabaco por completo y de forma definitiva. Se debe eliminar la cafeína hasta que la herida haya cicatrizado del todo y después, si se desea, reanudar su consumo en pequeñas cantidades.

Un absceso en el pie de una persona diabética supone una emergencia extrema que requiere drenaje quirúrgico completo e inmediato para salvar la mayor parte posible del pie. Desgraciadamente, muchas personas diabéticas que se niegan a aceptar la pérdida de sensibilidad en el pie no buscan ayuda cuando surgen infecciones poco importantes hasta varios días o semanas después, cuando puede ser imposible salvar el pie. 

Otra medida importante que pueden tomar las personas diabéticas para reducir el riesgo de que se realice una segunda amputación es la de mantener bajo estricto control los niveles de azúcar en la sangre. El alto nivel de azúcar en la sangre provoca ceguera, insuficiencia renal y pérdida de sensibilidad en el pie, que acaba en amputación. Un alto nivel de azúcar también interfiere en las funciones de los glóbulos blancos, afectando la capacidad del cuerpo humano de protegerse de infecciones. Debe destacarse, sin embargo, que el Ensayo sobre las complicaciones y el control de la diabetes, patrocinado por la Asociación Estadounidense de Diabetes, demostró de forma concluyente que estas complicaciones pueden prevenirse o eliminarse si se controlan los niveles de azúcar en la sangre de forma adecuada. El objetivo es conseguir que la glucemia en ayunas no sea superior a 120 miligramos por decilitro de sangre (mg/dL) y que el nivel de hemoglobina glicosilada (HbA1c) sea inferior al 7 por ciento.

En su empeño por cuidar lo mejor posible del pie que le queda, no se olvide de su muñón y su compañera, la prótesis. En el punto donde ambos se interconectan, el muñón puede sufrir cientos o miles de golpes por deslizamiento y soporte de peso durante un día normal. Puesto que la falta de sensibilidad en personas con diabetes puede extenderse al muñón, es necesario examinar diariamente la piel para ver que no exista rojez por fricción o presión excesiva. Estos u otros problemas que no se resuelven al ajustar los calcetines, deberían consultarse rápidamente con su protésico para que evalúe la situación. Si se ha producido una ulceración en la piel, debe dejar de caminar inmediatamente con la prótesis y buscar la opinión de un médico. El uso continuado de la prótesis puede convertirse en un inconveniente de días o semanas para la cicatrización o incluso para una rectificación de la cirugía.

Las medidas preventivas que aquí sugerimos conforman un plan general para conservar su otro pie por tiempo indefinido y detener el círculo vicioso de circunstancias que conducen a una amputación. Lo primero, sin embargo, es reconocer que usted es quien más debería preocuparse por su pie. Si también puede superar la tendencia a rechazar la posibilidad de una segunda amputación, estará a medio camino de conseguir su objetivo y prevenirla, a pesar de lo que digan las estadísticas. Ahora es el momento de tomar las cosas en serio. 

Sobre el autor

John H. Bowker, médico, es cirujano ortopédico y profesor honorario de ortopedia y rehabilitación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Miami. Fue director de los Servicios para Personas con Amputaciones y Pies Diabéticos del Centro Médico Jackson, en Miami, Florida. 

Figura 1A

Figura 1 (¡Sorpresa!)

Figura 2A

Figura 2A Pie de una mujer diabética y calzado de tacón de horma estrecha.

Figura 2B

Figura 2B Úlcera causada por la presión del calzado en un pie sin sensibilidad.

Figura 3A and Figura 3B

Figura 3A Quemaduras de               Figura 3B "Calzado acuático" que debería
segundo grado en ambos pies      utilizarse en todos los deportes acuáticos para
tras permanecer descalzos en       proteger los pies sin sensibilidad.
un terraza caliente durante 
solo 30 minutos.

Figura 4A

Figura 4A Calzado curativo diseñado para permitir una movilidad limitada y evitar que se ejerza peso sobre una herida en la parte delantera del pie.

(Sin fotografía)

Figura 4B Calzado diseñado para evitar la presión que se ejerce sobre una herida en el talón.


Regreso al inicio Actualizado en : 18-sep-08
 Amputee Coalition

© Amputee Coalition. Los derechos de reproducción pertenecen a la Coalición de Amputados. Se permite la reproducción local para uso de los constituyentes de la Amputee Coalition, siempre y cuando se incluya esta información sobre los derechos de reproducción. Las organizaciones o personas que deseen reimprimir este artículo en otras publicaciones, incluidos otros sitios web, deben contactar con la Coalición de Amputados para obtener permiso.